Llega un Súper Niño alimentado por el cambio climático: "Va a tener un impacto global"
La intensidad de
El Niño, el fenómeno climático natural que provoca eventos extremos como
sequías o lluvias torrenciales, podría superar en 2026 todos los récords. Un
equipo de investigadores que ha reconstruido el aumento de temperaturas en el
Pacífico durante los últimos 1.000 años lo vincula con el calentamiento global
de origen humano.
Agencias
meteorológicas de todo el mundo confirman lo que hemos detectado durante todo
el verano, con deleite e inquietud a partes iguales: el agua del mar está muy
caliente. Concretamente, el Copernicus Marine Service, nombre que recibe el
servicio marino del programa europeo de observación de la Tierra, ha señalado
que el 29 de junio de 2026 algunas zonas del Mediterráneo llegaron a registrar temperaturas
ocho grados por encima de la media.
Ahora, las mismas
agencias advierten de que dicho calentamiento, que también ha tenido su réplica
en el Pacífico, podría provocar que El Niño, uno de los fenómenos climáticos
con más impacto a nivel mundial, crezca en los próximos meses hasta convertirse
en Súper Niño. Las últimas estimaciones de la NOAA, la agencia meteorológica de
los Estados Unidos que se encarga de monitorizarlo, hablan de un 90% de
probabilidad de que así sea.
El Niño se repite
de manera cíclica y tiene su origen en cambios en la temperatura del agua y en
la circulación atmosférica del Pacífico Sur. Sus efectos se hacen notar en todo
el mundo, principalmente en América del Sur, el sur de Estados Unidos, el
Cuerno de África y Asia central, con precipitaciones por encima de lo normal
que pueden causar inundaciones y corrimientos de tierras, y Centroamérica, el
norte de Sudamérica, Australia e Indonesia, donde acarrea sequías acusadas.
En España, un
Súper Niño como el que se podría estar gestando puede provocar temperaturas
considerablemente más altas de lo normal y la llegada de borrascas más activas
durante el invierno. "El Niño tendrá un impacto global. Seguramente la
temperatura del planeta aumentará aceleradamente entre finales de 2026 y
comienzos de 2027. Pero también muchas regiones del mundo registrarán lluvias
más intensas o sequías prolongadas, dependiendo de la región", apunta, en
esta línea, Diego Campos, investigador del grupo de Servicios Climáticos del
Barcelona Supercomputing Center - Centro Nacional de Supercomputación (BSC -
CNS). "En el Mediterráneo Occidental se ha documentado que El Niño asocia
un aumento de las precipitaciones durante el otoño previo a su pico
(septiembre-octubre-noviembre) y una reducción de las precipitaciones en la
primavera posterior (marzo-abril-mayo) ", añade el investigador.
Las señales que
apuntan a un Niño extremo este año, añade Campos, son claras:
"Principalmente las altas anomalías de contenido de calor y el fuerte
acoplamiento océano-atmósfera permiten que el fenómeno continúe creciendo en
intensidad. El fuerte acoplamiento funciona casi como una perfecta máquina de
calentamiento: durante los últimos meses se han observado en el Pacífico
occidental múltiples pulsos de viento del oeste, lo cual favorece la
propagación de ondas oceánicas que contribuyen al calentamiento de la
superficie. Esto, a su vez, reduce aún más la intensidad de los vientos del
este (vientos alisios), lo que retroalimenta el sistema".
Campos señala que
"El Niño está en un estado muy saludable y fortaleciéndose. Se espera que
llegue a superar a los eventos más intensos medidos anteriormente, como El Niño
2015-16 o El Niño 1997-98". Considerados dos de los episodios climáticos
más importantes de los que se tienen registros, ambos llegaron a alterar los
patrones de precipitación, temperatura y circulación atmosférica tanto en los
trópicos como en regiones extra tropicales. En España, 1997 fue un año anómalo
desde el punto de vista de la meteorología, pues mientras febrero, marzo y
abril resultaron ser meses especialmente secos y cálidos, el verano fue inusualmente
tormentoso y septiembre registró lluvias torrenciales.
Ahora, la NOAA
alerta de que el contenido de calor en las capas subsuperficiales del océano
está siguiendo una evolución más cálida que la observada en 1997-98 y 2015-16
en fases equivalentes. Una de las características de El Niño es, sin embargo,
tal y como señalan los expertos, la dificultad para predecir la intensidad que
alcanzará. Otra de las incógnitas que lo rodean es si el calentamiento global
antropogénico -causado por el ser humano- le afecta de alguna manera, debido a
la falta de datos y su gran variabilidad.
Sin embargo, un
estudio de investigadores de Estados Unidos y Escocia liderados por la experta
en cambio climático de la Universidad de Michigan Julia Cole ha establecido,
por primera vez, una relación entre ambos.
Esto ha sido
posible gracias a un testigo de excepción: el coral de las Islas Galápagos. El
análisis de corales vivos, así como de esqueletos, ha permitido a Cole y su
equipo reconstruir la evolución de las temperaturas del Pacífico Ecuatorial
durante los últimos 1.000 años. Debido a los registros limitados y a la gran
variabilidad natural de El Niño, hasta ahora había sido difícil determinar si
los cambios observados tenían vinculación con el calentamiento causado por los
seres humanos. (El Mundo)