Papa León XIV en la Unesco: “La inteligencia artificial multiplica el riesgo de deshumanización”
El Santo Padre habló
en la sede de la Unesco del avance de la tecnología. Más de cuarenta años
después de que Juan Pablo II pronunciara un histórico discurso en la UNESCO, el
Papa León XIV regresó hoy a la sede parisina de la Organización de Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura con un mensaje dirigido a uno
de los grandes desafíos de nuestro tiempo: cómo preservar lo humano en una
época dominada por la revolución tecnológica.
Invitado por el
director general de la UNESCO, Khaled El-Enany, el Papa fue recibido en una
jornada dedicada a la inteligencia artificial, la integridad de la información,
la educación y la creación artística. En el encuentro participaron jóvenes,
artistas, intelectuales, investigadores y responsables políticos, dentro de un
programa que buscaba precisamente abrir un diálogo entre generaciones y disciplinas
sobre el futuro de la humanidad.
León XIV combinó
el inglés y el francés en su discurso, que comenzó reivindicando la misión
fundacional de la UNESCO: contribuir a la paz y la seguridad mediante la
educación, la ciencia y la cultura. Pero el eje de su intervención fue una
pregunta tan antigua como actual: “¿Qué significa ser humano?”. León XIV
sostuvo que ni la ciencia ni la tecnología pueden responder por sí solas a esa
cuestión. El ser humano - recordó - es alguien que nace, que necesita de otros,
que aprende, trabaja, ama y finalmente muere. Su dignidad, por tanto, no
depende de su productividad, de sus capacidades ni de su utilidad económica.
Es precisamente
desde esta concepción de la persona que el Papa abordó el tema de la
inteligencia artificial. Y lo hizo señalando una paradoja: mientras las
máquinas reciben el nombre de “inteligencia”, los seres humanos corren el
riesgo de ser juzgados cada vez más por criterios de eficiencia. “La
información es abundante, pero no es sinónimo de sabiduría” dijo León, advirtiendo
también que la comunicación digital – y la inteligencia artificial en
particular - puede multiplicar la desinformación y dificultar el diálogo.
Para León XIV, la
IA puede procesar y relacionar datos, pero no responder a las preguntas sobre
el sentido de la existencia, porque estas nacen de la experiencia humana. De
ahí su llamamiento a que las nuevas tecnologías permanezcan “al servicio de la
persona” y no se conviertan en instrumentos de dominación o injusticia. Pidió
también proteger a niños y jóvenes, cuya vulnerabilidad en el entorno digital,
“nunca debe convertirse en una oportunidad de explotación”.
El segundo gran
eje fue la educación. León XIV defendió que educar no consiste únicamente en
transmitir conocimientos o preparar para el mercado laboral: significa ayudar
al ser humano a ser más. Por ello, reivindicó una educación capaz de enseñar a
discernir y a buscar la verdad.
La paz fue el
tercer gran hilo conductor. Recuperando las palabras inscritas en la
Constitución de la UNESCO - “puesto que las guerras nacen en la mente de los
hombres, es en la mente de los hombres donde deben construirse las defensas de
la paz”- el Papa sostuvo que los tratados internacionales son necesarios, pero
insuficientes. La paz requiere una cultura compartida y una voluntad de
reconocer al otro como hermano.
En uno de los
pasajes más políticos de su discurso, León XIV advirtió además sobre la crisis
de confianza que atraviesan las instituciones internacionales por la pérdida de
eficacia. Frente a ello, propuso recuperar una virtud que calificó de “tan rara
como deseada”: la confianza.
Para ilustrar su
visión de la comunidad internacional recurrió finalmente a dos imágenes
bíblicas: Babel y Pentecostés. La torre de Babel representa, para el Papa, una
unidad impuesta mediante la dominación; Pentecostés, en cambio, una unidad
capaz de preservar la diversidad de lenguas y culturas. Su apuesta es esta
última: una humanidad que no elimine sus diferencias, sino que encuentre en
ellas una posibilidad de diálogo.
La visita tuvo
así un significado que sobrepasó el protocolo religioso. En la UNESCO, León XIV
situó a la educación, la ciencia y la cultura frente a una pregunta esencial:
qué tipo de humanidad quiere construir el mundo mientras las máquinas adquieren
capacidades cada vez mayores. Su respuesta fue clara: el progreso tecnológico
sólo será verdadero progreso si permanece subordinado a la dignidad del ser
humano.